Sistema inmune: amor, compasión y protección

Por Adriana Cabañas
Publicado con permiso de la autora
Editado por staff de InstaPAP

“Si tu compasión no te incluye a ti, está incompleta.”
Buda

Tu sistema inmune trabaja día y noche para mantener la integridad de tu cuerpo. Comenzando desde tu piel y mucosas te protegen del medio externo y señalan un límite de quien eres física y energéticamente. A través de órganos, ganglios, vasos linfáticos, células y moléculas, tu cuerpo trabaja en una sinfonía perfecta donde se reconoce lo propio y se elimina aquello que ya no sea necesario – células muertas, células que presenten mutaciones, parásitos, bacterias, virus y partículas nocivas o alérgicas. Si crees que las películas de ciencia ficción son demasiada imaginación – la manera en cómo trabaja este sistema va más allá de eso.

Tu cuerpo, como parte de una evolución tiene toda la información necesaria para sanarse y además como evolutivo que es no esta cerrado a solo una manera de hacerlo sino puede buscar nuevas maneras. Es así como se protege de infecciones previas de las que ya tiene memoria o se libera de un nuevo virus, como los de la gripe que mutan año con año. Además no solo funciona para ti, las mujeres tenemos la capacidad de compartir a través de la leche materna anticuerpos y células a nuestros críos y protegerlos mientras su propio sistema inmune madura y reconoce su medio y el medio externo.

Los linfocitos que son las células principales del sistema inmune escanean todo tu cuerpo, desde la mucosa intestinal por si entró algún patógeno en la comida, hasta heridas de la piel, la cual también entra el sistema a cerrar la herida lo más pronto posible para eliminar un área de fácil acceso a bacterias; en fin pasan por todas partes reconociendo lo bueno de lo que no tiene visa ni pasaporte para estar en el cuerpo. ¿Cómo lo hacen? Como dije, lo que no tiene visa ni pasaporte no se permite en el cuerpo, desde que nacemos el cuerpo aprende en la maduración del timo y de los linfocitos a reconocer a sus propias células y reconoce las proteínas que tienen cada una en la membrana celular. Cuando entra un patógeno o alguna célula que cuenta con códigos distintos al que se reconocen como propios, comienza una respuesta aguda para eliminarlo (en el caso de transfusiones sanguíneas, por eso nos deben de poner sangre del mismo tipo para que cuente con visa o pasaporte iguales ; ) ).

Cuando tenemos un resfriado (que comúnmente son virales), todo el sistema inmune está en acción total tratando de eliminar la presencia del virus. Esto implica mucha energía del cuerpo para llevarlo a cabo. La fiebre se produce como un mecanismo de defensa para atacar al virus y el metabolismo se aumenta, todo el sistema coopera para volver al equilibrio. Sin embargo para poder llevar todo a cabo se necesita una cosa – detenerse – es tanta la energía que se ocupa en esta respuesta que la práctica yogui será el reconocer que debemos parar por nuestro bien. Acostarse, dormir, bajar la actividad, comer ligero o incluso ayunar para no poner un estrés agregado de tener que digerir algo pesado, tomar mucho agua pues la fiebre, sudor hacen que se pierda mucho líquido al igual que el aceleramiento metabólico. Escucha a tu cuerpo, qué es lo que te pide, mantén una comunicación constante y confía que toda la sabiduría del Universo está actuando en ti. Ten la confianza de pedir ayuda – te lo digo por experiencia propia – es necesario dejarse en manos de otros a veces – pide que te reemplacen en tu trabajo, que te preparen un caldito de verduras, consultar con un médico de tu confianza si es necesario. Abrirnos a que nos ayuden es también darle la bienvenida a las buenas acciones de los demás.

“Amor y compasión son necesidades, no lujos, sin ellos, la humanidad no sobreviviría.”
Dalai Lama

En nuestro día a día la práctica de yoga nos ayuda a mantener un equilibrio del sistema nervioso, inmune y endocrino que actúan de forma simultánea. El sistema inmune no trabaja bien bajo estrés crónico, cuando corremos de una actividad a otra, cuando nosotros mismos nos saboteamos mentalmente pensando en como todo puede ir mal – enviamos dosis masivas de noradrenalina, adrenalina y cortisol – cortesía del sistema nervioso y endócrino. Esto, hablando metafóricamente, si nuestro cuerpo fuera un edificio donde todos se conocen y hay guardias encargados de ver el orden y suena la alarma si entra alguien enmascarado y sin permiso, los guardias sabrían reconocerlo inmediatamente ante la alarma y sacarlo del edificio y restablecerían el orden y el ambiente feliz; cuando hay estrés crónico la alarma estaría sonado constantemente, hasta acostumbrarse al sonido de la alarma y no distinguir cuando hay alguna amenaza, la gente del edificio parecería andar enmascarada todo el tiempo, sería difícil reconocer quien tiene permiso y quien no de entrar al edificio y además si alguien del edificio se vuelve hostil (como una célula mutada y precancerosa) no podrían detenerlo a tiempo pues no lo reconocerían.

Todo esto hace tu sistema inmune día con día, generalmente no nos damos cuenta de todo lo que hace, pero te cuida en todo momento.

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