Unidas: Entre mujeres no puede haber brechas

Por Toni Villa

El año 2017 estuvo lleno de oportunidades para aprender. Esta que les comparto es una de las que mayor huella me dejó, al grado que tomé la decisión de sumarme a una causa que cambiara mi vida. Ya no quiero ser espectadora, no quiero ver los toros desde la barrera. Como muchas mujeres, como tú, quiero hacer la diferencia.

Entre mujeres no puede haber brechas. Ni por condición socioeconómica, o por nivel de instrucción; ni por edad ni por preferencia sexual. Esto me estalló en plena cara en Chimalhuacán, en donde se me despertó un sentido de urgencia sobre la necesidad de que todas las mujeres en México nos atendamos, nos pongamos en prioridad, nos demos atención y nos cuidemos las unas a las otras. La vida que se desarrolla a nuestro alrededor no sería la misma si faltáramos.

Camino a Chimalhuacán
Uno piensa que “anda” trabajando. Así amaneció mi día en medio del terrible tráfico de la CDMX, buscando un punto de encuentro para reunirme con mi compañero de trabajo para asistir a aplicar pruebas gratuitas de detección temprana de cáncer cervicouterino con IstaPAP®.

Mi primer reflexión al encontrarme con Beto fue: la salud de la mujer no solamente le corresponde a la mujer. Hombres y mujeres tenemos que estar comunicados e involucrados. Fue muy refrescante saber que teníamos las mismas convicciones. De hecho, la tecnologìa con la que íbamos a hacer las pruebas fue inventada en México por un mexicano joven, a quien le interesa la salud y el bienestar de las mujeres, pero sobre todo, que ha apostado todo su talento, tiempo y recursos para que ninguna mujer padezca cáncer cervicouterino. Su convicción es que es prevenible, tratable si se detecta en etapas tempranas, pero sobre todo, él cree en el principio de la vida antes que en el principio de enfermedad. También ahí caí en la cuenta de que un valioso grupo de hombres ha sido el principal promotor de esta innovación que hoy ya está ayudando a salvar vidas.

Respirando profundo
Cercano a Netzahalcóyotl, en las inmediaciones de los tiraderos de basura; en medio de tierra, caminos truncados y miseria, quedamos inmersos en ese México que nace, crece, se desarrolla y muere sin que el otro México, el que crece alrededor de los grandes centros comerciales de moda, sienta el lento latir de las vidas que se debaten entre la promiscuidad, el abuso, el crimen, los embarazos no deseados y las violaciones que se cubren con frases como “así le tocó a ella”.

Esperábamos una larga fila de pacientes. Las doctoras del Centro Hope Chimalhuacán estaban nerviosas porque hicieron la convocatoria a todas las mujeres de la zona, pero apenas unas cuántas habían llegado. La palabra Papanicolaou opera como filtro, porque inmediatamente les refiere una auscultación que involucra exponer su cuerpo, someterse a una prueba que intuyen molesta y hasta dolorosa, y de la que se ha creado animadversión por las propias experiencias que las mujeres han tenido… es decir, la experiencia de las pocas mujeres que se realizan esta prueba en su vida. Corrimos con la suerte de que 8 mujeres llegaron para otro tipo de consulta y se animaron a hacerse la prueba.

Resistencia
Mujeres adultas, jóvenes, niñas, atravesaron este cinturón de miseria por el llamado de “Habrá Papanicolaou gratuito”. Nosotros estábamos ofreciendo mucho más que un Papanicolaou. Una prueba con base en la mejor y más innovadora tecnología, en la que no hay necesidad de tomar una muestra de tejido; que es muy poco invasiva y que fue desarrollada pensando en la delicadeza y sensibilidad del cuerpo femenino y en las condiciones emocionales a las que se somete una mujer cuando se anima a tener una consulta ginecológica.

Teníamos el corazón apretado, contrito por las siguientes declaraciones que les escuchamos:

“Nunca me lo he realizado… tengo 3 hijos.”
“Nunca me lo he realizado, tengo 38 años.”
“Me lo he realizado como dos veces, pero siempre he estado bien.”
“Me lo hicieron un vez, pero me cambié de pueblo y ya no supe qué salió… no pude regresar a ver cómo salió… hace como 6 años.”
“Soy abuela, esta es mi hija (18 años) tiene un niño de 3 años, me lo hago cada año desde que a una amiga le descubrieron cáncer hace 6 años.”

El cáncer cervicouterino es silencioso, no tiene síntomas sino hasta que está muy avanzado. Es la segunda causa de muerte de mujeres en México a causa de tumores malignos. Ninguna de ellas lo sabía. En ese momento la inocencia se vuelve peligrosa; se convierte en el imperdonable delito de desconocer la importancia del cuerpo, de la prevención, la procuración de salud. El comentario más usual del personal que las atiende: “si no te quieres cuidar por ti, hazlo por tus niños”. De pronto se abrió ante nuestros ojos la existencia de un sistema de creencias relacionado con lo que las mujeres merecen y tienen derecho, que teníamos que comprender a profundidad porque ignorarlo, o no tomarlo en cuenta, abriría una brecha insalvable entre la oportunidad y la realidad.

Verdad y Realidad no siempre coinciden

  • El cáncer cervicouterino es la segunda causa de muerte en México por tumores malignos en mujeres. La realidad es que este número ha llegado a este nivel porque las mujeres se posponen a sí mismas frente a las necesidades de su familia.
  • Otra verdad de la que me percaté es que el Papanicolaou prácticamente no ha evolucionado en más de 60 años, y que urge la incorporación de nuevas tecnologías que sean más eficientes, modernas, portátiles, que entreguen resultados inmediatos, pero sobre todo que sean más sensibles a la aprehensión que existe hacia el estudio del Papanicolaou.

¿Queremos hacer la diferencia?
Mujeres y hombres necesitamos construir un nuevo sistema de creencias que toque las fibras de las mujeres mexicanas que han perdido el sentido de pertenencia de sí mismas. La atención a su cuerpo estaba en muchas ocasiones condicionada al permiso de su esposo o pareja:

“No le gusta que me atiendan hombres”
“Me dijeron que el Virus del Papiloma lo contagian la mayor parte de las veces los hombres por el contacto sexual… pero, ¿cómo le reclamo?…”
“Él dice que no es cierto, que se contagia porque no me aseo…”
“Todo el tiempo tengo infecciones que no se me quitan, ahorita tengo”
“Ya me voy, no me haré el estudio porque ya vino mi señor y me dijo que si el doctor es hombre, no me lo puedo hacer”.

Sumado a estos flashazos que nos sacaban el aire, se sumaron los que se relacionaban con el pudor:

“Me da muchísima pena que me vean por ahí.”
“Tengo miedo de que me lastimen.”
“A veces las enfermeras nos gritan que nos relajemos, porque si no, es nuestra culpa que nos lastimen.”
“Lo que siento es vergüenza.”
“Hay muchas personas…”
“Tenía muchos nervios de venir porque dicen que duele mucho.”
“Siento como que no me puedo defender, es como sentir que te amarran a una cama, eso siento… y no sabes qué te van a hacer… uno se deja porque es lo que hay para atenderse.”

Los sistemas de creencias negativos que están enraizados alrededor de la prevención y realización de pruebas, son demasiado poderosos. No se pueden sustituir sin otro sistema de creencias que lo remplace positivamente y que sea capaz de incidir en un cambio significativo para una generación que ya vive el efecto del descuido, la desinformación y la nula educación emocional sobre la importancia de la mujer en la sociedad, y de su cuerpo como un valor a cuidar, un principio a promover, un factor de cambio en la medicina social.

Un caso al azar
Solamente 35 años. Venía feliz y platicadora con su comadre. Fue de las mujeres que llegaron por otro motivo y decidió no dejar pasar la oportunidad de hacerse la prueba de Tamizaje Cervical Electrónico InstaPAP®.

Salió de la prueba muy seria, con la mirada perdida. Una de las doctoras se me acercó y me pidió que si podía platicar un momento con la paciente al respecto de sus resultados.

Me acerqué y me dijo: “tengo 35 años, 3 niñitos pequeños. Qué va a ser de ellos si les falto. “

Hacía dos meses se había realizado un Papanicolaou tradicional que le salió negativo. Quiso participar en la prueba que estábamos haciendo porque le dio curiosidad. El resultado arrojó lesiones grado 3. Ahora el médico del centro puede tomar decisiones inmediatas de con qué tratamiento proceder. Si ella se hubiera esperado un año a su siguiente Papanicolaou, ¿qué historia estaríamos contando?

El compromiso que cierra las brechas
En este entorno de inseguridad, hay un núcleo de servicio pulcro y respetado por la comunidad. Hope Chimalhuacán ha vivido de todo. Apenas hace casi dos años que lograron instalarse y hoy por hoy todas las especialidades ofrecen alternativas eficientes de cuidado y atención a la salud.

Me he quedado comprometida a contar esta historia. Como comunicadora, persona como y miembro de una sociedad donde:

  1. Todas las mujeres merecemos una oportunidad lejos del cáncer cervicouterino
  2. Merecemos también tener acceso a lo mejor de la tecnología médica
  3. Merecemos un buen trato, sensible y digno
  4. Merecemos un lugar prioritario dentro de la atención a la salud en la familia

Por ello, nos obligamos a conocernos, a saber más de nuestro increíble cuerpo femenino, sus atributos, sus necesidades y cómo prevenir.

Queremos hacer un reconocimiento a Hope Chimalhuacán por todo el apoyo prestado para la realización de las pruebas gratuitas InstaPAP®, innovación mexicana pensada para y por las mujeres.